CREO QUE HOY ME LO VOY A PERDONAR
A. Hay mucha gente que odia la Navidad, lo sé. No me refiero a aquellos que sufren porque están solos, ya que me parece que, en general, ellos no odian especialmente estas fiestas, más bien todo lo contrario, las añoran. Me refiero a esos individuos de nuestro entorno que bufan cada vez que se menciona el tema. Pero tengo la sospecha de que, en realidad, no todos son sinceros. Por ejemplo, es posible que en algunos no sea más que una pose, cuyo propósito es apartarse de la masa ñoña y blandita navideña, la cual, en efecto, está llena de tópicos y de familias azucaradas que abarrotan los anuncios de televisión.
B. Por no hablar, ya que hemos mencionado la publicidad, de la orgía consumista a la que nos lanzamos de cabeza en estas fechas, y yo la primera, debo admitirlo contradictoria y contrita, porque sé muy bien que semejante aluvión de regalos, luces, ropas de fiesta, platos de papel y vasitos de plástico no podemos permitírnoslo como planeta. Estas incoherencias en mi comportamiento por lo general me reconcomen. Pero creo que hoy me lo voy a perdonar.
C. Otras personas, probablemente más numerosas, quizá digan que odian la Navidad por puro cortocircuito emocional. Es posible que, muy en el fondo de sus corazones, palpite ese deseo primario de la magia navideña que sentían siendo niños, esas ansias ingenuas de fiesta y amor familiar, de excitación, sorpresa y triunfante alegría. Y puede que no sepan cómo combinar todo eso con lo que viven como adultos, con los parientes mezquinos y enfadosos, con las desilusiones afectivas, con la sensación de artificialidad e insuficiencia. De ahí que, para defenderse, decidan rechazar la Navidad.
D. Vale, están en todo su derecho, pero se me ocurre que hay otras opciones. Yo prefiero no renegar de la niña interior. Cosa que muchos adultos creo que hacen: les incomodan y avergüenzan los restos de la infancia que llevan dentro. Yo pienso, por el contrario, que permitirte cierta inmadurez durante un par de días viene estupendamente. Será una simpleza, pero también es bello jugar a creer que hay un tiempo especial en el calendario, un breve periodo consagrado a reunirnos con nuestra gente más cercana para intentar querernos bien y ser un poco mejores.
E. Es un ritual milenario que celebra los buenos sentimientos, algo que muchos consideran falso y cursi (mientras que los malos sentimientos les parecen verdaderos y serios, algo que no acabo de entender). Yo, cursi total, me dejo arrastrar por los tópicos más elementales; disfruto con las iluminaciones callejeras, adoro hacer regalos, me embelesa el brillo de las tenues bolas de cristal y hasta debo confesar que los villancicos me conmueven. Esto es una puerilidad, seguramente. Pero hoy me la voy a perdonar.
Adaptado de Rosa Montero, Creo que hoy me lo voy a perdonar, en elpaís.com