Wskazówka:
Tarea 3 

Mi amigo Paco está divorciado y un día a la semana va a recoger a su hijo del cole. Se trata, me cuenta, de uno de esos colegios con papis modernos y enrollados. 
Paco tiene mala imagen en el cole de su hijo. Seguramente se debe a que el curso pasado, en la fiesta de Halloween, donde el asunto era disfrazar a los niños de los piratas del Caribe, a Paco se le ocurrió vestir a su hijo con un parche en el ojo y una espada de plástico. Y cuando la profesora vio llegar al niño de la mano de su padre, lo primero que hizo fue quitarle el parche y la espada. El parche, dijo indignada, porque podía herir la sensibilidad de las personas con alguna minusvalía de visión ocular; y la espada de plástico, porque en ese colegio las armas estaban prohibidas. Y cuando Paco argumentó que los piratas llevaban armas para sus abordajes y masacres, la profe zanjó el asunto con un seco: “También había piratas buenos”.
Pero la peor fama de Paco en el colegio de su hijo, piratas y parche aparte, viene de la cosa alimentaria: la merienda. No hay una sola madre con hijo allí que no sea una fanática de la alimentación sana; y como el gran enemigo de las madres progres son la harina refinada y las bebidas carbonatadas, cuando acuden a buscar a los niños, todas van provistas de fruta supersana, zumo de papaya virgen, pan de pipas, jamón york ecológico, queso de leche de soja o tortilla de huevos de gallinas salvajes que viven en libertad, igualdad y fraternidad. Los carbohidratos, naturalmente, solo se consienten en los cumpleaños. Al principio, dice, esperaba a su hijo en la puerta del cole con la moto y un bollo. Y como los otros críos miraban al suyo con envidia, algunas madres empezaron a tratar a Paco como si fuera un delincuente. Hasta dejaron de invitar a su hijo a los cumpleaños y fiestas de pijamas. 
Así que, en los últimos tiempos, Paco y su vástago han pasado a la clandestinidad en cuestión de meriendas, utilizando entre ellos una jerga en código que los protege de la vigilancia materno-escolar. Cuando el enano sale de clase con los compañeros, ya está adiestrado para preguntar a su padre cosas como “¿Qué hay de lo que tú sabes?”, a lo que Paco responde, tras mirar prudente a un lado y a otro: “Tranqui, colega, ahora te lo paso”. Entonces el zagal le guiña un ojo y pregunta, susurrando esperanzado: “¿Foskito?”. Pero Paco mueve la cabeza: “Hoy toca zoológico”, responde. Y mientras suben a la moto, ocultándolo bajo el anorak de su hijo, le pasa clandestinamente la Pantera Rosa o el Tigretón, sus bizcochos preferidos. 
Adaptado de www.zendalibros.com