Wskazówka:
Texto 1 
Periodista: Ya hace más de 20 años usted acuñó el término “aporofobia”, reconocido luego por la Real Academia de la Lengua. ¿Qué significa? ¿Cómo surgió? 
Entrevistada: De la misma manera que “xenofobia” significa “aversión al extranjero”, la aporofobia es la aversión al pobre por el hecho de serlo. Por ejemplo, no rechazamos a los extranjeros si son turistas, cantantes o deportistas de fama, los rechazamos si son pobres. 
Periodista: ¿Por qué es importante que exista una palabra para nombrar el odio a los indigentes? 
Entrevistada: Porque las personas necesitamos poner nombres a las cosas para identificarlas, para visibilizar el problema. 
Periodista: ¿De dónde nace la aversión a los pobres? ¿Es algo biológico o se trata de algo cultural? 
Entrevistada: La evolución de nuestra especie es a la vez biológica y cultural, ambas dimensiones se influyen recíprocamente. En el caso de la aporofobia, hay una base biológica que puede reforzarse o desactivarse mediante la cultura. 
Periodista: Entonces, usted sostiene que todos los seres humanos somos aporófobos. ¿En qué basa esa afirmación? 
Entrevistada: En el hecho de que la antropología evolutiva muestra que los seres humanos están dispuestos a dar a otros, pero con tal de recibir algo a cambio. Este mecanismo ha recibido el nombre de “reciprocidad indirecta” y es la base biocultural de nuestras sociedades. A las personas que no pueden darnos nada interesante a cambio las excluimos de este juego de dar y recibir. Por desgracia, la aporofobia ha existido siempre, está en las entrañas de los seres humanos. 
Periodista: ¿Y por qué se propaga tanto en los países ricos, dentro de las sociedades supuestamente civilizadas y muy sensibles a los preceptos y valores de la democracia? 
Entrevistada: Lo que ocurre es que en estas sociedades el éxito, el dinero y la fama son los valores supremos. 
Periodista: ¿Cómo se manifiesta la aporofobia en la sociedad? ¿Puede darnos algunos ejemplos? 
Entrevistada: Por supuesto. Los inmigrantes y los refugiados son mal acogidos en todas partes, incluso algunos partidos ganan votos cuando prometen cerrarles las puertas. 
Periodista: Entonces, ¿qué es lo que nos induce a tratar bien a otras personas? 
Entrevistada: Tratamos con mucho cuidado a las personas que pueden hacernos favores, ayudarnos a encontrar un empleo, a ganar unas elecciones o aumentar el estatus social, y abandonamos a las que no pueden darnos nada de eso. 
Periodista: ¿Las situaciones de crisis pueden hacer aumentar la aporofobia?
Entrevistada: Por una parte sí, porque en situaciones de incertidumbre y miedo tendemos a cerrarnos sobre nosotros mismos. Pero, por otra parte, lo que demostró la pandemia del coronavirus, no somos independientes, somos interdependientes, y lo que nos salva es el apoyo mutuo, no solo en la familia y entre amigos, sino a un nivel mucho más amplio.
Periodista: ¿Cómo se podría acabar con la aporofobia? 
Entrevistada: Tomando conciencia de que existe y de que hay que combatirla. 
Adaptado de www.bbc.com
 

Texto 2 
Hasta el canto gregoriano de los monjes de Silos debe de estar digitalizado, lo mismo que las arias de los Tres Tenores. Se digitalizó todo el cine anterior a Internet y se digitalizaron los periódicos. Se digitalizó la historia de la literatura y de la fotografía y se digitalizaron los cuadros de El Bosco, y de Velázquez y de Picasso. El mundo, en fin, lleva años en proceso de digitalización. Es un proceso ininterrumpido que estamos observando día tras día, a veces con asombro, a veces con susto. Sin embargo, nunca acabaremos por digitalizarlo todo, porque el mundo es inabarcable; está lleno de mares y ríos y de desiertos y de variedades casi infinitas de plantas y animales. 
Y ahora nos estamos digitalizando a nosotros mismos gracias a nuestros teléfonos inteligentes. He oído hablar de un colchón en cuyo interior hay unos sensores que envían al fabricante información sobre las posturas en las que dormimos. El otro día vinieron a comer unos amigos y uno de ellos digitalizó la paella para sacarla en redes sociales. Significa que en esta tarea de digitalización de la realidad analógica participamos todos sin querer, pero solo unos pocos cobran por ello. Digo yo que, dado que el móvil es la herramienta de digitalización por antonomasia, nos lo deberían regalar. Pero los mismos que nos lo cobran se aprovechan de cuanto hacemos con él para obtener datos con los que luego trafican. O sea, que ni una paella más en la red. 
Adaptado de Juan José Millás, Ni una paella más, en El País Semanal